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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA CAMPAÑA CUARESMAL DE FRATERNIDAD EN BRASIL

 

Queridos brasileños:

Al recordar siempre el gran corazón y la cálida acogida con la que me habéis abierto los brazos en mi visita a finales de julio pasado, os pido ahora que me permitáis ser vuestro compañero en el camino cuaresmal, que comienza el 5 de marzo, hablándoos de la Campaña de fraternidad que os recuerda la victoria de la Pascua: «Para la libertad nos ha liberado Cristo» (Gál 5, 1). Con su Pasión, Muerte y Resurrección, Jesucristo liberó a la humanidad de las cadenas de la muerte y del pecado. En los próximos cuarenta días, buscaremos cada vez más tomar conciencia de la misericordia infinita que Dios tuvo hacia nosotros y que nos ha pedido también transmitir a los demás, sobre todo, a quienes más sufren: «¡Eres libre! ¡Ve y ayuda a tus hermanos a ser libres!». En este sentido, queriendo movilizar a los cristianos y a las personas de buena voluntad de la sociedad brasileña contra una plaga social como es la trata de seres humanos, nuestros hermanos obispos brasileños os proponen este año el tema «Fraternidad y tráfico humano».

No es posible permanecer indiferentes, sabiendo que existen seres humanos tratados como mercancías. Pensemos en las adopciones de niños para la extracción de órganos, en las mujeres engañadas y obligadas a prostituirse, en los trabajadores explotados, sin derechos ni voz, etc. ¡Esto es tráfico humano! «A este nivel es necesario un profundo examen de conciencia: ¿cuántas veces, en efecto, toleramos que un ser humano sea considerado como un objeto, expuesto para vender un producto o para satisfacer deseos inmorales? La persona humana nunca se debería ni vender ni comprar como una mercancía. Quien la usa y la explota, incluso indirectamente, se hace cómplice de este abuso» (Discurso a los nuevos embajadores, 12 de diciembre de 2013: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 27 de diciembre de 2013, p. 3). Si después pasamos al nivel familiar y entramos en las casas, ¡cuántas veces reina allí el abuso! Padres que esclavizan a sus hijos, hijos que esclavizan a sus padres; cónyuges que, olvidados de su llamada a la donación, se explotan como si fueran un producto para consumir, que se usa y se tira; ancianos sin un lugar, niños y adolescentes sin voz. ¡Cuántos ataques a los valores básicos del tejido social y de la convivencia social misma! Sí, se necesita un profundo examen de conciencia. ¿Cómo se puede anunciar la alegría de la Pascua sin ser solidarios con aquellos a quienes aquí en la tierra se les niega su libertad?

Queridos brasileños, de esto podemos estar seguros: yo ofendo la dignidad humana del otro sólo porque antes vendí la mía. ¿A cambio de qué? Del poder, de la fama, de los bienes materiales. Y esto —¡sorprendeos!— a cambio de mi dignidad de hijo e hija de Dios, rescatada al precio de la sangre de Cristo en la Cruz y garantizada por el Espíritu Santo que clama dentro de nosotros: «¡Abba, Padre!» (cf. Gál 4, 6). La dignidad humana es la misma en todo ser humano: cuando la pisoteo en el otro, estoy pisoteando la mía. ¡Para la libertad nos liberó Cristo! El año pasado, cuando estuve con vosotros, afirmé que el pueblo brasileño daba una gran lección de solidaridad; seguro de esto, espero que los cristianos y las personas de buena voluntad se comprometan para que jamás ningún hombre o mujer, joven o niño, sea víctima de la trata de personas. Y la base más eficaz para restaurar la dignidad humana es anunciar el Evangelio de Cristo en los campos y en las ciudades, porque Jesús quiere derramar por doquier vida en abundancia (cf. Evangelii gaudium, n. 75).

Con estos deseos, invoco la protección del Altísimo sobre todos los brasileños, para que llegue a ellos la vida nueva en Cristo, en la más perfecta libertad de los hijos de Dios (cf. Rm 8, 21), suscitando en cada corazón sentimientos de ternura y compasión para el hermano y la hermana necesitados de libertad, mientras que de buen grado os imparto una propiciadora bendición apostólica.

Vaticano, 25 de febrero de 2014

FRANCISCO



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