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LA MISA MATUTINA TRANSMITIDA EN DIRECTO
DESDE LA CAPILLA DE LA CASA SANTA MARTA

HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO

"La valentía de callar"

Viernes, 27 de marzo de 2020

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Introducción a la Misa

En estos días llegan noticias de que muchas personas comienzan a preocuparse de una manera más general de los demás, muchas personas piensan en las familias que no tienen lo suficiente para vivir, en los ancianos solos, en los enfermos en el hospital y rezan y tratan de hacer llegar alguna ayuda... Esta es una buena señal. Damos gracias al Señor por despertar estos sentimientos en los corazones de sus fieles.

Homilía

La primera lectura es casi una crónica (anticipada) de lo que le pasará a Jesús. Es una crónica adelantada, es una profecía. Parece una descripción histórica de lo que pasó después. ¿Qué dicen los impíos? “Tendamos trampas al justo, porque nos molesta y se opone a nuestra manera de obrar; nos echa en cara las transgresiones a la Ley y nos reprocha las faltas contra la enseñanza recibida. Es un vivo reproche contra nuestra manera de pensar y su sola presencia nos resulta insoportable, porque lleva una vida distinta de los demás… Porque si el justo es hijo de Dios, Él lo protegerá y lo librará de las manos de sus enemigos” (Sab 2,12). Pensemos en lo que le decían a Jesús en la cruz: “Si eres el Hijo de Dios, baja; que Él venga a salvarte” (cf. Mt 27,40). Y luego, el plan de acción: pongámoslo a prueba “con ultrajes y tormentos, para conocer su temple y probar su paciencia. Condenémoslo a una muerte infame, ya que él asegura que Dios lo protegerá” (cf. Sab 2,19). Es una profecía, realmente, de lo que ha sucedido. Y los judíos trataban de matarlo, dice el Evangelio. Entonces, también trataron de arrestarlo —nos dice el Evangelio— “pero nadie puso las manos sobre Él, porque todavía no había llegado su hora” (Jn 7,30).

Esta profecía es muy detallada; el plan de acción de esta gente malvada es un detalle tras otro, no escatimemos nada, probémoslo con violencia y tormento, y pongamos a prueba el espíritu de resistencia... tendámosle asechanzas, pongámosle trampas, [para ver] si cae... Esto no es una simple aversión, no hay un plan de acción malvado —ciertamente— de un partido contra otro: esto es otra cosa. Esto se llama ensañamiento: cuando el diablo que está detrás, siempre, detrás de todo ensañamiento, trata de destruir y no escatima los medios. Pensemos en el comienzo del Libro de Job, que es profético sobre esto: Dios está satisfecho con el modo de vida de Job, y el diablo le dice: “¡Sí, porque lo tiene todo, no tiene agobios! ¡Ponlo a prueba!” (cf. Job 1,1-12; 2,4-6) Y primero el diablo le quita sus posesiones, luego le quita su salud, y Job nunca, nunca se alejó de Dios. Pero el diablo, qué es lo que hace: ensañarse. Siempre. Detrás de todo ensañamiento está el diablo, para destruir la obra de Dios. Detrás de una discusión o enemistad, puede ser que esté el diablo, pero desde lejos, con tentaciones normales. Pero cuando hay ensañamiento, no dudamos: está la presencia del diablo. Y el ensañamiento es sutil. Pensemos en cómo el diablo se ensañó no sólo contra Jesús, sino también en las persecuciones de los cristianos; cómo ha buscado los medios más sofisticados para llevarlos a la apostasía, a que se alejaran de Dios. Esto es, como decimos en el lenguaje cotidiano, esto es diabólico: sí; inteligencia diabólica.

Me contaban algunos obispos de uno de los países que sufrieron la dictadura de un régimen ateo que llegaron, en las persecuciones, a detalles como éste: el lunes después de Pascua las maestras tenían que preguntar a los niños: “¿Qué comisteis ayer?”, y los niños decían lo que habían comido en el almuerzo. Y algunos decían: “Huevos”, y los que decían “huevos” eran perseguidos para ver si eran cristianos porque en ese país comían huevos el Domingo de Pascua. Hasta este punto, de ver, de espionaje, dónde hay un cristiano para matarlo. Esto es un ensañamiento en la persecución y esto es el diablo.

¿Y qué se hace en el momento del ensañamiento? Sólo se pueden hacer dos cosas: discutir con esta gente no es posible porque tienen sus propias ideas, ideas fijas, ideas que el diablo ha sembrado en sus corazones. Hemos oído cuál es su plan de acción. ¿Qué se puede hacer? Lo que hizo Jesús: callarse. Es sorprendente cuando leemos en el Evangelio que frente a todas estas acusaciones, a todas estas cosas, Jesús guardó silencio. Frente al espíritu de furia, sólo silencio, nunca justificación. Nunca. Jesús habló, explicó. Cuando comprendió que no había palabras, silencio. Y en silencio Jesús vivió su Pasión. Es el silencio de los justos frente al ensañamiento. Y esto también es válido para —llamémoslo así— los pequeños ensañamientos diarios, cuando uno de nosotros oye que hay una habladuría allí, contra él, y decimos cosas y luego no sale nada... cállate. Silencio. Y soportar y tolerar el ensañamiento de las habladurías. La habladuría es también un ensañamiento, un ensañamiento social: en la sociedad, en el vecindario, en el lugar de trabajo, pero siempre contra él. Es un ensañamiento no tan fuerte como este, pero es una furia, destruir al otro porque al parecer el otro incomoda, molesta.

Pidamos al Señor la gracia de luchar contra el mal espíritu, de discutir cuando tengamos que discutir; pero frente al espíritu de ensañamiento, tener el coraje de callar y dejar hablar a los demás. Lo mismo ante este pequeño ensañamiento diario que es la habladuría: dejarlos hablar. En silencio, ante Dios.

Oración para recibir la comunión espiritual

Las personas que no pueden recibir la comunión hacen la comunión espiritual:

Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Ya que no puedo recibirte sacramentalmente ahora, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si te hubiese recibido, me abrazo y me uno todo a ti. No permitas que jamás me aparte de ti.

 



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